Un gran ejemplo a seguir: Costa Rica

Londres -. Finalmente se ha resuelto la incógnita norteamericana y el senador Barak Obama fue elegido como presidente de los Estados Unidos, algo que es verdaderamente radical dentro de una sociedad que no hace mucho era iracundamente racista y donde se crucificaban a los de raza negra por la sola razón de ser negro. 

 ¡Enhorabuena!  Aunque mucha gente ha celebrado esta contundente victoria, no creo que se puedan esperar cambios revolucionarios, en cuanto a su política exterior, América Latina o el mundo en general ya que se murmura que la Sra Hilary Clinton será la próxima Secretaria de Estado quien se encargará de las relaciones internacionales del nuevo gobierno demócrata que saltará a la arena el 20 de enero del 2009.  Si este chisme político es cierto no hay duda alguna que el Tratado de Libre Comercio entre Colombia y los Estados Unidos será aprobado en Washington sin demasiados malabarismos políticos o luchas parlamentarias.

Pero lo peor del caso será que Colombia sufrirá otro periodo más del Plan Colombia instaurado por el Presidente Clinton hace ya unos años. Desafortunadamente, esto acarreará más dolor y más sangre en los campos patrios y el conflicto interno no se resolverá,  quién sabe hasta cuándo. Y para Alvarito este sería el mejor aguinaldo de navidad  en tiempos de cólera, ¡ qué buena leche la del hombre ¡.  Sus aliados en el Norte no lo abandonan y ahora con lo que sucedió en la India, aún menos. 

Es bueno celebrar cambios positivos, pero si se quiere ir más allá de lo rutinario y mundano, del dicho al hecho, deberíamos unirnos al pueblo tico, el cual celebra 60 años sin ejército.  La abolición del ejército se llevó a cabo el 1 de diciembre de 1948 y desde aquel momento Costa Rica ha gozado de esa tranquilidad política  y de esa paz social desconocidas en nuestra Colombia ensangrentada, aguantadora y sufrida.  Curiosamente, los dos países compartieron en 1948 el mismo camino de guerra civil, de fuego y sangre. 

Pero como en la vida nadie sigue los mismos senderos, Colombia no se detuvo y prosiguió su marcha violenta hacia la locura mientras que los ticos decidieron parar, pensar y finalmente decidir que la vía armada no tenía razón de ser.  Hoy día tenemos dos países hermanos, el nuestro en pedazos, viviendo una orgia de violencia y el costarricense rascándose la barriga, viviendo en paz y tranquilidad y atrayendo turistas como si no hubiera un mañana. La ventaja de no tener que gastar dinero y tiempo en armamentos demoníacos y en militares esquizofrénicos es la oportunidad de invertir en vivienda, educación y salud y sacar de la pobreza a millones de seres que viven en situaciones infrahumanas. 

Uno de los ejemplos más claros son Alemania y Japón, los cuales al ser derrotados en la segunda guerra mundial no se les dejó que se armaran otra vez hasta los dientes y por lo tanto pudieron recuperarse económicamente y establecer el Estado de Bienestar para sus adoloridos ciudadanos. O se gasta plata en armas o se gasta en pan y circo, pero gastar en los dos, a la vez, es casi imposible, nadie gana y todos pierden.

Ahora si Obama quiere ser un político radical, revolucionario que actúa fuera de lo convencional puede llevar a cabo lo impensable y de un solo tiro abolir el ejército americano que tantos trastornos ha causado en los cuatro puntos cardinales.  Con su mayoría en la cámara y el senado los demócratas pueden dar ese salto trascendental y a la vez abrirle las puertas a la paz y tranquilidad que tanto anhela el hombre.  La crisis financiera que aqueja a millones de americanos se podría resolver de la noche a la mañana.  La pobreza de ciertas minorías étnicas que es una de las contradicciones más grandes de los Estados Unidos y del capitalismo americano se podría aliviar de un solo tajo y una verdadera distribución de la riqueza y una verdadera revolución social se podrían llevar a cabo sin necesidad de meterse en los problemas internos de Irak, Afganistán, Colombia y muchos otros países del mundo.

Todo esto, de pronto, sea un sueño imposible de realizar a raíz de los últimos acontecimientos en el continente asiático ya que se le ha dado otra oportunidad a la violencia y no a la paz. A pesar de todo tenemos que luchar por la paz aunque sea un recorrido casi interminable, pero tenemos que seguir soñando.