Sueño europeo a base de sudor, lágrimas y éxito

Sueño europeo a base de sudor, lágrimas y éxito

Alicante – España-. Durmió en la calle. Se alimentó de naranjas durante varios días. Su primer baño fue en el mar y allí limpió su ropa. Lavó platos, pescados y empezó como camarero. Se convirtió en propietario del restaurante. Trajo a casi toda la familia de Manizales y trabajan con él. Una verdadera historia de un inmigrante llena de sacrificio, coraje y éxito…RECOMIENDO LEER SU HISTORIA 
                                                     “El éxito es fácil de obtener. Lo difícil es merecerlo”: Albert Camus

Por azares de la vida en mi visita a esta turística población costera del sur de España entré a un restaurante acompañado de un amigo quien me recomendó su comida, típica y auténtica de la cocina ibérica. La sorpresa fue mayúscula cuando nos atendió un joven, muy educado y su acento lo delató de inmediato: colombiano.

Fue sorpresa, no por su nacionalidad, pues es normal encontrarse extranjeros por todos lados y máxime en bares, restaurantes, hoteles, centros de entretenimiento o granjas agrícolas ya que España cuenta con una población inmigrante de las más numerosas de Europa. La sorpresa fue la historia que empezó a relatarme.
Para comenzar me dijo que él, de nombre Jhon, era el dueño del local y tenía allí, entre hermanos y parientes, todo el personal de trabajadores. Empezó como camarero y terminó comprándole el sitio a su anterior dueño, un español. Y lo más increíble, el restaurante, con personal colombiano, oriundo casi en su totalidad de Manizales, es ciento por ciento español y no se ve ni una bandera o artesanía de su tierra como sería lo más lógico encontrar.

Le propuse a Jhon un encuentro posterior para escuchar su relato pues de entrada me cautivó. Así lo acordamos y un par de días después me atendió con la amabilidad de cómo si fuésemos amigos de toda la vida.

Familia de emprendedores

Jhon James Londoño Ospina, el hijo menor de una familia compuesta por 11 hermanos, oriunda de Villa María, decidió salir en busca de mejor fortuna, abandonó sus estudios de medicina luego de haber hecho el primer semestre en la Universidad de Caldas, y salió el 17 de marzo de 1999 en un tour turístico con la ruta Manizales – Bogotá – Milán (Italia) – Valencia (España). No tenía cómo seguir cubriendo los costos de su carrera universitaria y decidió alzar vuelo.

Jhon, hijo de María Solangel Ospina y de José Uriel Londoño, se propuso sacar adelante a su familia, luego de que se vio prácticamente en la ruina después de haber vivido muy cómodamente de los negocios de su padre que de un momento a otro se vinieron abajo hasta el punto de hipotecar su casa, uno de los tantos bienes que tuvo.

Sin conocer a nadie en Valencia, se quedó en la estación de buses por donde pasó el tour y allí empezó su largo calvario. Con unos cuantos dólares en el bolsillo, sabía que no podía gastar mucho pues tenía que devolverlos a quien se los había prestado para el viaje. Estuvo deambulando por los alrededores en busca de ayuda, orientación, trabajo y hospedaje.

Nadie le prestó atención y poco le entendían en su español colombiano, muy distinto al de la madre patria. En la estación “vivió y durmió” por 3 días, sin un lugar donde tomar un baño o descansar. Se alimentó a punta de pan con mortadela y una coca cola litro. A un “chaval” de solo 18 años no le darían trabajo fácilmente. Un transeúnte le sugirió que se fuera al campo a las granjas agrícolas pero ni por allí le ayudaron. En sus largas caminatas sin rumbo alguno, vio una pequeña choza como abandonada y allí, al ver que estaba vacía, se hospedó. Sin agua y energía, vivió por 3 días comiendo naranjas que era lo único que encontraba a su alrededor.

Jhon salía a caminar y un día, por accidente, llegó al mar. Por primera vez tomó un buen baño y encontró el lugar ideal para lavar su ropa sucia que se acumulaba. Así continuó por 6 días con esa rutina diaria. Y nada de trabajo.
Cierto día, su ropa secando alrededor de la choza lo delató y se apareció el propietario de la granja. De inmediato lo echó inhumanamente en medio de insultos y gritos. John tuvo que recoger sus cosas y abandonar el lugar de inmediato antes de que llamara a la policía.

Una mano amiga

En su peregrinaje sin rumbo, Jhon encontró a un paisano colombiano quien por lo menos lo escuchó y le brindó una mano. Lo acompañó a un locutorio (lugar para hacer llamadas telefónicas) y 8 días después de haber llegado se comunicó con la familia por primera vez. Una de sus hermanas tomó el teléfono. Lo que menos quería Jhon era preocuparlos por su situación y mucho menos a su mamá, pero su hermana no resistió y se echó a llorar. Le insinuó que se regresara pero Jhon se negó porque venía en busca de dinero para ayudarlos a todos.

El paisano lo llevó hasta su pieza de alquiler para que tomara un baño y le ofreció dormida pero con la única condición de que llegara a las 12 de la noche, no usara el baño y saliera a las 5 de la madrugada. Los restantes 5 inquilinos no debían enterarse de su presencia.
En una de sus salidas en busca de trabajo, una mujer se compadeció, le regaló un poco de dinero y le dijo que se fuera a Murcia, una ciudad ubicada a unas 3 horas de viaje en autobús. Allí empezó de nuevo esa búsqueda de trabajo pero sin éxito. Sin donde dormir y sin con qué comer, llamó de nuevo a su casa. Sandra, una de sus hermanas, le insistió en que se  regresara pues aún tenía el billete aéreo de regreso. El se negó una vez más.

John tomó un autobús a una ciudad cercana, ubicada al lado del mar, Alicante. Allí reinició su objetivo. Se fue al Inem, un lugar donde ofrecían empleos. Un señor le ofreció un trabajo como conductor pero claro, no tenía carné de conducir. La apariencia de Jhon era de desesperación y necesidades.

Alicante, su punto de partida

El español lo llevó a un restaurante, lo invitó a comer y Jhon, con mucho miedo, aceptó. No tenía otra elección. Luego lo llevó a un hotel, le pagó 5 días de hospedaje y le regaló 10 mil pesetas, bastante dinero para la época.
En el hotel, Jhon comía bien y estaba bastante cómodo. El español lo llamaba continuamente y le advertía que no saliera a la calle. Un día lo visitó, le regaló un teléfono celular, lo llevó hasta su casa y presentó a su familia, esposa e hijos. Jhon les simpatizó y de paso, respiró tranquilamente pues dudaba mucho de la generosidad del español y hasta pensó cosas tenebrosas de sus reales intenciones.

El español era dueño de una floristería. Aunque no querían que Jhon les ayudara, pues lo veían demasiado joven, ingenio y débil para ese oficio, aprendió rápidamente a hacer coronas, ramos y hasta arreglaba los tanatorios (salas de velación) aunque con mucho miedo pues hacía esa labor cuando el féretro estaba totalmente solo. Sus manos difícilmente resistieron esa tarea.

Así transcurrieron dos meses hasta que el español le consiguió una habitación de un restaurante, también de su propiedad. Ese fue su hogar durante 8 meses. A Jhon le tocó encargarse de la huerta y con azadón en mano, su labor era la limpieza de las malas hierbas. Ese trabajo lo combinaba en la cocina del restaurante lavando platos y todo lo que allí tocaba. Sus manos se despedazaban porque nunca había trabajado de esa forma.

Jhon no desfalleció. Aprendió a lavar y a preparar los pescados. Cambió de oficio. Luego pasó a ser asistente de cocina. Con el dinero que iba ahorrando, empezó a hacer sus primeros giros a su familia para ir sanando deudas.

Por la familia

Jhon, con la ayuda del español, hizo las gestiones para traerse de Manizales a su hermana Dora Lilia, quien llegó a trabajar al restaurante.
Un corto tiempo después, a los 4 meses, se trajo a su hermano Fredy quien hipotecó su casa para financiar el viaje. Así se fueron ayudando y con la base del trabajo en el restaurante, hicieron que la vida fuera más llevadera. Posteriormente llegó María de los Angeles, también hermana.

En una ocasión un cliente del restaurante, de nombre David, quien se movilizaba en un lujoso auto Mercedes Benz, le ofreció a Jhon un mejor trabajo y le insinuó que dejara el restaurante. Aunque con muchas dudas, aceptó, por lo menos estudiar la oferta.

David lo llevó a un lujoso apartamento. Allí había cuadros de desnudos por todas partes, extravagantes habitaciones y encontró a un grupo de 15 chicos, en su mayoría colombianos, quienes no ocultaron su malestar al ver un nuevo huésped, muy joven y atractivo. David le dijo que allí él se ganaría todo el dinero del mundo, que dejara ese restaurante y su vida cambiaría por completo. La ingenuidad de Jhon no le permitió entender de qué se trataba el oficio.

David dio la orden a uno de subalternos de no dejarlo salir de allí. Jhon quedó  atrapado en esa red. Allí estuvo secuestrado, llorando y arrepentido de haber aceptado ir a conocer su nuevo sitio de trabajo. Como una bendición divina, uno de los chicos se compadeció de él y a los dos días lo ayudó para que se fugara.

Recuperada su libertad, regresó al restaurante, continuó con sus oficios en compañía de sus hermanos. Sus ahorros seguían pagando deudas.

Una  nueva oferta, Cervecería Leo

El restaurante español era muy concurrido. Uno de los clientes, al ver la forma como Jhon se desempeñaba, le ofreció un puesto de camarero en otro restaurante. Asumió el riesgo y se cambió de trabajo. Allí le tocó competir con experimentados camareros españoles y aunque sin muchos conocimientos en  el oficio, en pocos días se ganó el puesto hasta el punto de que muchos clientes cuando reservaban sus mesas pedían que fuera Jhon quien los atendiera.

A Jhon le subieron el sueldo y por su destreza, amabilidad y educación, se lo llevaban a otros sitios cuando requerían camareros extras. En este sitio, conocido como Cervecería Leo, estuvo por 5 años.
Incluso, Manolo, un hermano del propietario del restaurante tomó un bar y le ofreció a John más dinero para que se fuera a trabajar con él. Al principio no aceptó pero como con los otros camareros españoles la relación de trabajo no era buena, terminó aceptando.

Jhon se enfrentó a todo. Pidió ayuda con nuevo personal y se la autorizaron. Allí trabajaba con Manolo, quien se mostraba muy celoso por la forma preferencial como a John lo trataba su hermano Leo y empezó a hacerle la guerra. Tuvieron sus altercados y a John lo insultó en varias ocasiones. Al final, el despedido fue Manolo. Pero Jhon, de buen corazón, perdonó a Manolo y se encargó de que lo llamaran de vuelta y así se hizo.

El negocio

Leo, el propietario de la Cervecería, decidió ponerlo en venta y fue precisamente su hermano Manolo quien le insinuó a John que lo comprara. Como buen paisa y a pesar de su juventud y sin mucho dinero, se lo pensó y buscó ayudas para hacer la propuesta viable. Un amigo colombiano, Jorge Alirio Salazar Meza, se convirtió en su padrino y le sirvió de fiador ante los bancos. El crédito fue aprobado y el negocio se cerró al poco tiempo. Jhon, el camarero, pasó a ser el propietario de la Cervecería Leo.

De eso hacen ya dos años y medio. John se trajo a 5 hermanos, dos sobrinos y una prima de Manizales, todos a trabajar al restaurante. Hasta sus padres vinieron a conocer España. De paso, se convirtió en el soporte para todos y con el transcurso del tiempo fue recuperando el terreno comercial perdido años atrás. La recuperación económica de sus padres fue una realidad. Todo gracias a su trabajo, dedicación y perseverancia.

Con la administración de Jhon, la Cervecería Leo siguió con su nombre original y su oferta. Sabiamente, el joven  caldense no se dejó llevar por su nacionalismo y no cambió nada, solo mejoró el servicio a los clientes y aunque se vieron caras nuevas en la atención al público, colombianos entre camareros y cocineros, siguieron con el mismo sabor de la comida española a base de tapas, pescados y mariscos. No hubo rechazo hacia el cambio.

La clientela, por el contrario, no se ausentó y recibió con agrado el hecho de que el camarero John se hubiera convertido en el propietario. Esa clientela no se encontró con banderas, artesanías, música o comida extraña, nada de eso. Una exitosa decisión. “No opté por atraer a los colombianos, es mi gente, pero mis paisanos, no todos, prefieren el trago y la diversión que la comida. Los españoles comen bien y gastan mucho dinero. Y máxime por la reputación que tenemos los colombianos sentí dudas y temor en dirigir el restaurante hacia ellos”, dice muy seguro de sí. Jhon acertó y disfruta de un éxito empresarial hecho a pulso.

Con sudor y lágrimas llegó el éxito

Hoy por hoy, Jhon James Londoño Ospina es un empresario respetado en el Barrio San Gabriel de Alicante. Adquirió la nacionalidad española y  tiene casi a toda su familia trabajando en la Cervecería Leo.
Viaja por lo menos 3 veces al año a Manizales, participa de las fiestas y cabalgatas y hasta tiene ya en su pequeña finca varios caballos que monta en las ferias. Todo conseguido con el trabajo de su restaurante. Es más, tiene planes de continuar estudiando su carrera inconclusa de medicina o dedicarse a la veterinaria para atender a sus caballos en un futuro cercano.

Paradójicamente, el éxito del restaurante llevó incluso a la pérdida de la amistad con Leo, el anterior dueño, pues llegó a proponerle posteriormente que echaran atrás el acuerdo comercial. John en ningún momento aceptó. A Leo le toca esquivar la calle para evitar ver la Cervecería completamente llena de clientes día y noche.

La muerte de su madre, un duro golpe

Después de todo lo sufrido en su comienzo en este “sueño europeo” y del disfrute del éxito de su negocio, la vida le tenía un duro golpe preparado. Su madre, María Solangel Ospina, enfermó el año pasado. Jhon, el niño de la casa, regresó para estar a su lado y aunque en principio no era grave su  estado de salud, para él primero era su madre por encima de todo.
Cualquier deseo se lo concedería. El sueño de su madre era tener un carro nuevo. John la llevó a un concesionario y fue ella quien lo escogió. Dos días después de haberle dado ese regalo, el 16 de julio, falleció.

El estuvo en sus últimos días con ella. En el momento de su muerte escuchó sus consejos y le prometió que haría todo para cumplirlos: ayudar a sus hermanos, a su padre, compartir, ser solidario, honrado, trabajador, salir adelante, y sobretodo, luchar por la unidad familiar le pidió su madre.
Aunque Jhon quiso morirse  con ella, el tiempo le ha dado el valor y la fuerza para cumplir con sus deseos. Hoy vive en Alicante con 18 miembros de su familia y el resto sigue en Manizales.

Todos  viven muy cerca del lugar de la Cervecería y se reúnen regularmente para hacer sus fiestas a lo colombiano: música, comida, bebidas y rumba hasta tarde. No hace falta la excusa de un cumpleaños para hacerlo, simplemente, cumplen el deseo de María Solangel, permanecer unidos con amor y en armonía. Todos se ayudan entre sí.
La historia de Jhon, un claro ejemplo de amor, sacrificio y trabajo incansable para alcanzar el éxito…
“Para el logro del triunfo siempre ha sido indispensable pasar por la senda de los sacrificios” Simón Bolívar.

Menú típico español

La Cervecería Leo ofrece un servicio a su clientela de clase popular pero cuando se trata de fechas especiales como de navidad, reyes o día de madres, por ejemplo, la etiqueta  sale a relucir.
En cuanto a precios, es acorde al presupuesto de sus clientes. Por ejemplo, una paella para 22 personas cuesta en promedio 320 euros, aproximadamente un millón de pesos colombianos. Y si a esto se le agregan entradas, tapas y bebidas puede costar esa atención entre 500 y 600 euros, es decir, un poco más de dos millones de pesos.
Este gasto para los españoles es bastante normal a la hora de ir a cenar y no hace falta que sea una fecha especial para hacerlo.

En la Cervecería Leo los comensales pueden elegir de un menú variadísimo.

Entradas: Gambas, mejillones, pulpo a la gallega, ensaladilla de mariscos, ternera en salsa, calamares, langostinos o patas bravas, por ejemplo.

Carnes: Cordero, entrecot o solomillo, entre otras.

Pescados: Emperador, lubina o merluza.

Ensaladas: Tomate con salazones, cogollos o mixtas.

Montaditos: Chorizo, anchoas, jamón, salchichas, roquefort o mojama, entre otros.

Paellas: De pollo, conejo, mixta, mariscos o magro y verduras.

Postres: Natillas, flan, pan de calatrava o piña natural.

Café: Solo, cortado, bombón, carajillo o infusión.

Bebidas: Sangría, vinos españoles crianza, reservas o tempranillos, entre otros.

9 thoughts on “Sueño europeo a base de sudor, lágrimas y éxito

  1. Una historia impresionante y que ojalá nos sirva de ejemplo a quienes estamos lejos de nuestra tierra. Con tenacidad,mucha fe y perseverancia podremos obtener grandes cosas como lo ha hecho nuestro compatriota. Felicitaciones.
    Mi estimado Leo,creo que has tocado con este magnífico relato el corazón de mucha gente y también mi curiosidad por conocer a mi tocayo,su familia y su negocio.

  2. Gracias Leo, esa Historia es muy real de Jhon al igual que muchos compatriotas lo felicito y le pido a DIOS que Jhon no cambie y siga asi ayudando al necesitado, a ti Leo tambien Felicitaciones heres una gran persona y seguire siendo uno de tus fieles oyentes.German

  3. Estoy muy admirada de la forma que el joven logro todos sus propositos tan rapido; para mi es un berraco y yo se que no nada imposible en esta vida solo uno se tiene que proponer hacerlas hasta que las logre ,pero esa es una historia muy bonita y me gusto mucho leerla por que le dan ganas a uno de seguir adelante.
    Dallas, Texas

  4. muy interesante, una persona que da ejemplo de lucha sacrificio y perseverancia que es lo mas importante. estos testimonios sirve para resaltar el buen nombre de los colombianos de bien que hay en todo el mundo haciendo patria y contribuyendo a nuestra colombia.

  5. hola leo que bueno leer historias de triunfos especialmete cuando son de conpatriotas .
    gracias suerte

  6. hola leo de ante mano gracias por dar a conocer casos como estos en los cuales cabe destacar que asi como jhon con esfuerzo y dedicacion triunfa, no solo para beneficio de el sino primordialmente de su familia. hay conmigo personas que nos sentimos muy orgullosas de ser colombianos pues no todo es tan malo por que aun existen seres con grandes capacidades de dar lo mejor de si, aun aguantando el sufrimiento y todo por amor a nuestros seres queridos …..
    que orgullosa me siento de ser colombiana y que un colombiano mas triunfe, muy merecido lo tiene ……….
    se dan cuenta que no todos somos malos!!!!!!!

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