OPINION: Una guerra inútil, un conflicto sin sentido

Londres-. Es verdaderamente escandaloso el dineral que los Estados Unidos se ha gastado en su desenfrenado intento de reducir drásticamente la oferta y la pureza de las drogas en venta en las calles americanas, mientras que millones de seres humanos viven en condiciones inhumanas en los países productores por carecer de un sistema médico adecuado, de vivienda propia y de un trabajo bien remunerado.

El único resultado ha sido beneficiar al productor, al mayorista y al vendedor ambulante aumentando el precio de la droga en el mercado internacional al reducirse la oferta.
Según el investigador Tom Felling en su libro publicado recientemente, The Candy Machine: How Cocaine Took Over the World, los varios gobiernos estadounidenses han invertido 500 billones de dólares en los últimos 35 años en su campaña para detener el problema, pero a pesar de todo esto, los resultados han sido todo un fracaso.  La demanda sigue creciendo y la oferta le pisa los talones. Los cargamentos interceptados por patrullas norteamericanas y británicas en el Caribe y Pacífico no han afectado el negocio en lo mínimo.

Para el gobierno colombiano, el de Alvarito, y para la administración de la Casa Blanca la lucha frontal contra el narcotráfico es una contradicción.  Los dos países se encuentran en un callejón sin salida, en una encrucijada difícil de resolver cuando hay intereses creados.

De una parte Colombia, bueno Uribe, no quiere hacer mucho para evitar que se cultive, se coseche, se produzca y se exporte la blanca nieve ya que el país suramericano necesita este producto para poder obtener la ayuda técnica, financiera y militar que tanto ambiciona.  De otro lado, el gobierno del coloso del norte tampoco tiene interés en desmantelar totalmente la infraestructura coquera ya que no tendría la excusa perfecta para justificar su presencia militar en Colombia y sus 7 bases militares y su apoyo abierto al sistema uribista. Para los dos gobernantes el narcotráfico es un mal necesario, es de mutuo interés mantenerlo a flote.  Las redadas policíacas, la extradición de ciudadanos colombianos, como Don Diego, son una payasada, una comedia para tratar de convencer a terceros de su despiadada lucha para erradicar tal flagelo de la faz de la tierra.  Mientras que en Colombia se ataca cariñosamente al tráfico en Afganistán se protege para comprarse los caciques locales para ganar una guerra perdida. ¡Qué hipocresía!

Entretanto otros gobiernos latinoamericanos se han dado cuenta, mejor tarde que nunca, que la política prohibicionista gringa no tiene sentido alguno en el siglo XXI.  La política de abalear al productor y consumidor a la vez, es una vergüenza en el sistema democrático, que se supone, respeta la libertad individual. La república argentina y el estado mexicano han dado pasos gigantescos para legalizar el uso personal de estas sustancias.  “La decisión llega en un momento en que muchos países de Latinoamérica están cambiando sus políticas al respecto a raíz de la abrumadora evidencia que el prohibicionismo no funciona.”  A punto de bala, cárcel y destierro nada se resuelve.  La violencia solo genera más violencia.

Es un golpe tenaz a la política americana a nivel mundial y a la vez es un garrotazo a la decisión americana de establecer bases militares en territorio colombiano para combatir el problemita creado por los consumidores americanos.

El acuerdo al que se llegó entre Colombia y los Estados Unidos de establecer bases militares en territorio colombiano desató una conmoción tremenda en la región sacudiendo los cimientos mismos de America Latina.  Hubo todo tipo de reacción por parte de los diferentes gobiernos en el hemisferio americano.  De un lado tenemos a aquellos gobernantes que condenaron la acción  como una amenaza directa e inequívoca contra sus gobiernos progresistas,  podríamos mencionar Venezuela, mientras que de otro lado los países más hacia el centro y la derecha consideraron que esto era  un asunto interno de la política exterior colombiana. Fuera de estas dos posiciones hubo otra reacción mucho más interesante, la postura asumida por Argentina y México la cual tiene que ser el ejemplo a seguir por las diferentes comunidades en nuestro universo.

Hay que legalizar todo tipo de droga para no ahogarnos en un mar de sangre.  No hay que perseguir al consumidor habitual o al consumidor que solo lo hace de vez en cuando. Lo fundamental es establecer programas educativos para que la gente se dé cuenta de los riesgos que corre cuando mete productos adulterados y  por lo tanto el gobierno debería garantizar la calidad del producto.  Si se sigue con la misma política  represiva nada vamos a resolver, lo único que nos quedará será una orgía de muerte y dolor y todo por no legislar a favor de la legalización inmediata de estos productos.  Hoy más que nunca, se necesita terminar con el problema y con todos los conflictos que acarrea.

One thought on “OPINION: Una guerra inútil, un conflicto sin sentido

  1. Uno ya está muy harto de las “informaciones” que aparecen en casi todos los medios, aparentemente cortadas todas por una misma tijera, aunque aparezcan en distintos medios y países: el lenguaje único, el “lenguaje políticamente correcto”, pero cuyo contenido, si se analiza bien, suena a “controlado”, manipulado por poderes muy decisivos e interesados en filtrar todo lo importante que llega a las masas, y que crea opinión.
    Por ello, este artículo del señor Carlos A. Londoño, tiene un aire de libertad y originalidad que parecen no comprometidas ni sujetas al dictad de los omnipotentes patronos que rigen el mundo.
    Gracias por su valentía.

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