Feliz año querido contribuyente

A muchos de nosotros, en particular a los inmigrantes, la crisis económica por la que atraviesa el mundo nos pasa de largo ya que a apenas nos afecta, ya éramos pobres antes.  Ahora lo poco que nos queda es o regresar a nuestros países de origen, a veces con ayuda gubernamental, o aguantarse, bajar de peso, apretar el cinturón y mendigar algún puestecito que nos dé de comer.

El caso de España es alarmante, más de un millón de personas perdieron su puesto de empleo en el 2008 y el resultado ha sido una hecatombe para los trabajadores no comunitarios procedentes de África y América Latina en particular, quienes en su gran mayoría no recibirán ningún subsidio de desempleo. Curiosamente, los españoles que trabajaban en el sector de la vivienda se han reencontrado con sus orígenes campesinos y han vuelto al campo a recolectar frutas y aceitunas, trabajo que anteriormente lo hacían los inmigrantes. 

Esa flexibilidad laboral, desgraciadamente, no se extiende al resto de Europa o a los Estados Unidos donde el campesinado ha desaparecido por completo, obligado a perderse en las junglas de concreto urbanas.  A veces, pero muy rara vez, ser subdesarrollado es una ventaja increíble en tiempos de aprietos financieros. Como resultado de esta situación económica mundial, todos sufren. 

Según el diario El Tiempo de Bogotá las remesas enviadas por los trabajadores colombianos en el exterior han bajado enormemente: las remesas en noviembre fueron US 147 millones menos que en igual mes de 2007. Así nadie se escapa de esta tragedia.

La  crisis económica actual, se nos comenta en algunos casos, que es peor o igual a aquella  tristemente famosa de los años 30.  Otros economistas y periodistas creen que solo se puede comparar con la de los  80 y otros dicen que es algo pasajero e ilusorio, de pronto, todos tengan algo de razón, pero bajo ningún punto de vista se puede decir que la historia se repite, una y otra vez como si anduviésemos como los cangrejos, echando para atrás.  Cada época, cada lustro, goza de sus propias características, de sus fallos y de sus logros, todo evoluciona, cambia y se fortalece aunque no lo queramos, la historia no para ni siquiera un instante para pensar y reflexionar pausadamente. Tal vez, lo único que no cambia es la avaricia de unos cuantos que arruinan a todos aquellos que transitan a su lado.

Desde la crisis de los treinta todas las sociedades han cambiado fundamentalmente gracias al establecimiento del estado de bienestar, del estado paternalista inculcando a una gran mayoría ciertos valores a seguir: Según el escritor español Carlos Ruiz Zafón “el modo más eficaz de hacer inofensivos a los pobres es enseñarles a querer imitar a los ricos.  Ese es el veneno con que el capitalismo ciego a matado al pueblo…” Claro que unas sociedades han cambiado más que otras; los Estados Unidos por ejemplo todavía siguen con esa mentalidad del capitalismo primitivo de ahogar a quien no trabaja, a aquel que no tiene una chanfa o a aquel que no puede trabajar, ya que es un estorbo para la sociedad, los pobres no tienen derecho a vivir.

A pesar de estas trabas el nivel de vida, la calidad de la vivienda, la infraestructura de los países hoy en día son muy superiores a los de décadas pasadas lo que significa que la gran mayoría de la gente no sentirá en carne propia el dolor de los desamparados. Todavía se pueden ver tiendas y negocios repletos de gentes y gangas, de chucherías y cachivaches que siguen aportando su granito de arena a la economía nacional.

 Los que pierden son los banqueros y sus sicarios que nos han explotado al máximo cada vez que recurrimos a ellos para sacar un préstamo u obtener una hipoteca para comprarnos un techo lleno de goteras. Y si nos encontramos endeudados hasta la coronilla, el gobierno no nos echa una mano sino que nos tira a una celda fría y hedionda. Siempre se ha dicho que es mejor abrir un banco que robarlo, así es mucho más fácil atracar a cada persona que entra en su recinto sin necesidad de recurrir a la violencia o intimidación. 

Nosotros los contribuyentes  y los endeudados deberíamos hacer huelga y dejar de pagar las cuotas que nos exigen y esperar que el gobierno nos meta millones de pesos en nuestros bolsillos por ser gastadores, borrachos, parranderos y jugadores.

Esta debería ser la rebelión de las clases trabajadoras, de las masas, que no tienen nada que perder sino sus camisas.