El Che no ha muerto, su imagen aún vive

El Che no ha muerto, su imagen aún vive

Londres-. En el último mes se han escrito miles y miles de palabras sobre ese icono mundial que es el Che Guevara, han brotado alabanzas, han surgido calumnias, se le ha santificado y en otros casos se le ha sacrificado, su imagen ha quedado rota y en añicos. Todo punto de vista se ha dado a conocer, pero lo más importante es que todavía se habla de él, independientemente de lo que el Che ha representado en el contexto mundial, ya sea como hombre, ya sea como guerrillero o ya sea como un idealista incorregible. Afortunadamente cada uno de nosotros tenemos una opinión y, entre gustos no hay disgustos. Se habla en general que el Che era un marxista-leninista, que era un hombre de la izquierda revolucionaria mientras que otros tantos, lo acusan de haber sido simplemente un asesino a sueldo del movimiento comunista internacional, así pues, que es casi imposible tener una visión objetiva sobre un personaje tan controvertido, pero que a la vez, ha sido una persona que ha creado un interés inusitado en todos los rincones del mundo. Esa famosa fotografía de Alberto Korda se encuentra en campañas de la izquierda, en movimientos femeninos, en propaganda comercial, lo que nos recuerda a diario al hombre que viajó en moto para encontrarse a si mismo y ver las venas abiertas y sangrantes de América Latina.

Para mí, las razones por las cuales el Che todavía vive presente en nuestra memoria son muchas y variadas. Sin duda alguna, hay tres o cuatro que son fundamentales y que desafortunadamente están presentes hoy en día como lo estaban hace ya cuarenta años cuando el Che fue vilmente ejecutado en Bolivia. Y uno no tiene que ser comunista o marxista para darse cuenta de la situación actual en la que viven millones de seres humanos, de entender sus exigencias y reclamos y tomar su lucha como ejemplo a seguir.

Primero que todo, hoy día la problemática social persiste: carencia de vivienda, educación y salud son problemas que todavía aquejan a millones de seres humanos en todos los continentes, es un problema global y en ciertos países la situación es crítica particularmente en el continente africano y en ciertos países latinoamericanos. En cualquier sitio donde muere un niño de hambre o de carencia de vivienda digna o de asistencia medica inmediata existen los factores, las razones por las cuales la voz de protesta tiene que resonar y reclamar el derecho a la vida y a una existencia digna. Los tugurios son inaceptables, todos tenemos el derecho a una casita con agua potable y servicios de alcantarillado, todos tenemos el derecho a una educación gratuita y de buena calidad y todos tenemos derecho a ser atendidos por un medico cuando lo necesitemos. Si reclamar y demandar nuestros derechos es ser revolucionario entonces el Che era un revolucionario.

Otro factor, el económico, es de suma importancia; cuando los salarios no alcanzan ni para el mercadito de la semana, ya la situación es incierta. Y peor aún, si no hay trabajo ya la cosa es desesperante, sin poder darle de comer a los hijos y verlos morir por no poderles dar un bocado. Y entre más y más empresas nacionales son vendidas al mejor postor internacional los intereses del trabajador no tienen importancia alguna para los propietarios y sin el apoyo de un sindicato fuerte nada se puede hacer, sino salir a la calle y protestar. Y si uno protesta se le tilda de izquierdista, comunista o algo por el estilo y enemigo número uno del sistema reinante.

El tercer punto o mejor dicho la tercera razón por la cual el Che todavía tiene resonancia en el siglo 21 es la política imperialista y colonialista no solo de los Estados Unidos sino del Reino Unido y España. Nadie puede olvidar la guerra de Vietnam, ni la consigna del Che “Crear dos, tres Vietnamés”, ahora tenemos a Irak y Afganistán y en los próximos meses Irán será el objetivo de los aliados. Ese deseo incontrolable de los americanos de ser el amo y señor del universo no ha desaparecido en absoluto. Toda nación tiene el derecho de elegir lo que más le convenga sin tener que pedirle permiso al señor Bush, al señor Brown o al Rey de España. El Rey Juan Carlos olvidó, en Santiago de Chile, que ya no somos una colonia cuando le dijo a Chávez: “Por qué no te callas”, como si fuera todavía el mandacallar en nuestro continente. Esos delirios de grandeza por qué no los usa con los catalanes, vascos y gallegos. Y si uno se opone a este imperialismo reinante te acusan de ser un subversivo que solo merece ser aniquilado o enjaulado en Guantánamo.

Las contradicciones del capitalismo internacional todavía subsisten en nuestros días y por lo tanto el idealismo guevariano todavía vive en el presente y solo quedará rezagado a la memoria cuando vivamos en una sociedad, donde exista la paz, la justicia social y la libertad individual y colectiva, todo garantizado por un sistema político basado en la voluntad popular, o sino seguiremos reclamando y exigiendo airadamente lo que nos pertenece por derecho.

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