El Tratado de Libre Comercio no puede pasar, no pasará

A pesar de la encrucijada en la que el país se encuentra hoy día, es un abuso que el Tratado siga siendo noticia en la primera página de El Tiempo y de otros medios de información. El tratado significaría la quiebra de varias industrias nacionales y a la vez el funeral, sin flores y sin parranda del sector agrario, lo que el revolcón gavirista intentó hacer, ya, hace varios años. La crisis alimenticia que está aquejando a otros países en vía de desarrollo se extendería a nuestros pueblos como un cáncer irremediable con resultados nefastos para todos los consumidores colombianos y para la economía en general; una alza considerable en la tasa de inflación y otra soga más al cuello de los pobres. A pesar de la crisis política en la que se encuentra Colombia en estos momentos, es decir la nebulosa problemática de la parapolítica, es esencial aclarar un poco, la situación en la cual se halla el Tratado de Libre Comercio entre los Estados Unidos y el país, ya que el gobierno de Uribe insiste en echarle plata a un muerto. Como ya sabe todo el mundo, los demócratas en el congreso de los Estados Unidos hundieron de un solo zarpazo la ratificación del TLC que hubiera sido un desastre total para varias industrias nacionales y para los consumidores en particular. Las últimas cifras sobre la inflación de productos agrícolas nos confirma nuestra tesis, un incremento del 7.5% más o menos el mes pasado. Quizás habrá que seguir el camino que tomó México en días pasados, ha tenido que bajar los aranceles de importación impuestos a productos agrícolas de primera necesidad como el maíz y el trigo. De una parte, no se protege ni al trabajador, ni al campesino, ni al agricultor, ni al medio ambiente colombiano y de otra, tampoco se protege al trabajador estadounidense ya que el tratado no es bien visto por varios sectores, por ejemplo los sindicatos que tienen el deber de velar por las necesidades de sus miembros. Además, el tema de libre comercio es tabú en los Estados Unidos de hoy día; la crisis crediticia sumada al alto costo del petróleo ha azotado inmisericordemente a los más pobres y a aquellos que a duras penas pueden pagar su vivienda.

El éxodo de las comunidades campesinas se acentuaría al no poder competir con los productos de importación libres de impuestos y subsidiados por los Estados Unidos. Esta situación le daría un impulso descomunal al cultivo de coca, amapola y demás hierbas cuya demanda en los países occidentales mantiene el negocia a flote. De esta manera, es importante tener en cuenta que aquellos que no se quedarían en el campo tendrían dos opciones bien claras: en primer lugar, tendrían la opción de entregarse cuerpo y alma a los grupos paramilitares que aún rondan por doquier o a los grupos alzados en armas como las FARC que a pesar de sus descalabros recientes todavía hay que tomarlas en cuenta; el desempleo y la carencia de oportunidades le echaría más leña al fuego de la discordia. Y en segundo lugar, la otra salida de estos campesinos sin tierra, seria emigrar a los Estados Unidos donde todavía existe una alta demanda de mano de obra barata y sin papeles o derechos. Eso es lo que no quieren y no les gusta a los sindicatos y la mayoría de la clase trabajadora estadounidense en este momento tan critico para ellos. Como se puede apreciar, nadie gana en este negocio del Tratado de Libre Comercio, solamente las grandes multinacionales, los representantes del gobierno colombiano en Estados Unidos y los grandes terratenientes nacionales y extranjeros que continuaran con su contrarreforma agraria.

La concentración de la tierra en manos de unos cuantos sería un desastre para el medio ambiente colombiano. En vez de cultivar productos de primera necesidad para la población en general se dedicarían a cultivar maíz, caña de azúcar o cualquier producto que en estos instantes se utiliza en la fabricación de biocombustibles, los que requieren insumos de fertilizantes, insecticidas y pesticidas que afectan negativamente al medio ambiente y a los pocos campesinos que se quedan por ahí supervisando su propia muerte.

Con el tratado tampoco desaparecería el constante atropello y asesinato de sindicalistas, periodistas y activistas que luchan por una Colombia mejor más democrática, equitativa y libre. Hay que hallar otra solución que cuaje con todos los estratos de la sociedad colombiana sin castigar a una gran mayoría mientras que una minoría se beneficia sin tener que hacer absolutamente nada para gozar de este agosto cortesía del Presidente norteamericano Exhorto inequívocamente, al gobierno colombiano que nos diga la verdad sobre el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos y deje a un lado sus propios y mezquinos intereses ya que sumirá a todos nuestros compatriotas en el fango. Quizás, consigamos que Uribe y sus secuaces nos escuchen por primera vez, a pesar de la sordera que han sufrido cuando el pueblo exige ser escuchado.

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