OPINION: La Paz, objetivo de acuerdos en Colombia

Londres-. La confirmación de los diálogos con  las FARC es la noticia del año. No se podía esperar más tiempo para entablar conversaciones, conversaciones francas y directas que quizás nos traigan esa paz que tanto anhelamos todos los colombianos, esa paz que no se ha podido dejar apresar desde que estalló la violencia a fines de los años cuarenta.

Los hombres, los colores partidarios, el país en general han cambiado pero la paz esquiva nunca ha llegado. Ya era hora, ya es hora para dejar las balas e intercambiar palabras. Enhorabuena Doctor Santos.

El intento de paz de Andrés Pastrana durante su cuatrienio fracasó no por culpa suya  o por culpa de las Farc fue aquel maldito vecino del norte que no deja a nadie en paz.  Intervino no una pero dos veces para evitar que se llegara a un acuerdo negociado entre las dos partes.

Primero saltó al ruedo el plan de Clinton, el tristemente famoso Plan Colombia, que de Colombia tenía muy poco pero de gringo lo tenía todo. Y para colmo de males, llegó el nefasto 11 de septiembre dejando los planes de paz colombianos por los suelos. Se le declaró una guerra sin cuartel a  las Farc y desde entonces todo se fue a pique. Tampoco se puede borrar de la memoria colectiva la masacre, el holocausto de la Unión Patriótica en los años 80, que de un solo tirón acabaron con las esperanzas de paz del gobierno de Betancur.

Por lo tanto hay que andar con cautela y “no cometer los errores del pasado.” Hay que tener bien claro que las dos partes siempre han estado listas para encontrar un camino que lleve al país a una paz duradera. Es también fundamental que el ELN establezca canales que permitan su participación en este proceso que es de vida o muerte para los colombianos.

El gobierno colombiano igual que las Farc exigen ciertas garantías y ciertos procedimientos para poder hablar. Mientras el gobierno mantiene su actitud beligerante, las Farc demandan un cese al fuego. Mientras el gobierno insiste en la liberación de todos los secuestrados las Farc  quieren que Simón Trinidad intervenga en las discusiones y otras cosas más. Esto en si,  ya es algo verdaderamente positivo a pesar del pesimismo que reina en ciertos cuarteles y círculos políticos.

Hay que darle tiempo al tiempo. El despeje de una zona cualquiera que sea, significaría que los americanos harían todo lo posible por entorpecer las negociaciones ya que eso no les conviene. No olvidemos que la guerra en Colombia es un negocio muy rentable para aquellos que producen y venden armas al por mayor, pero los que sufren las consecuencias, los que pagan el pato son nuestros connacionales en los campos y veredas de nuestros departamentos.

Pero el proceso de paz tiene que ir más allá de una simple firma en un papel amarillento.  El cese al fuego y la entrega de armas y la desmovilización masiva de los varios frentes guerrilleros tienen que  ir acompañada de los esfuerzos ya hechos por el Doctor Santos de enfrentar el problema del narcotráfico y de su solución.

La única manera de solucionar este problema es la legalización total de la producción, exportación y consumo, sin ponerle muchos peros al asunto. Al mismo tiempo es necesario entender que es fundamental remediar la desigualdad que existe en el seno de la sociedad colombiana y que los conflictos laborales tienen un origen económico y social y no son gestos revolucionarios. La sociedad civil, es decir, los sindicatos, la iglesia, las organizaciones empresariales y todas esa asociaciones apolíticas  tienen que ser partícipes en estas jornadas que a la larga nos llevarán a un final anhelado por todos.

La paz no puede ser ni una paz truncada ni una paz a medias, tiene que ser una paz total y duradera.

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