¿Libres o esclavos? Una paradoja de nuestros tiempos

Londres -. Se batieron nuevas marcas mundiales, se ganaron medallas de oro, plata y bronce, se llenaron de lágrimas, ojos agradecidos, se vivieron dos semanas de circo y euforia nacional y se rellenaron revistas y periódicos de fotos y artículos de deportistas desconocidos y por conocer.

El mundo de la televisión y de la radio  olvidó  que una tierra de dolor, pobreza, sufrimiento y guerra es mucho más importante que las payasadas de unos cuantos que son desgraciadamente, fichas en un partido de damas entre los políticos de los 204 países que asistieron a los Juegos Olímpicos en la China.  La situación económica por la cual atraviesan la mayoría de los países que participaron en los juegos es desastrosa pero gracias a este montaje propagandístico,  que llega  a diferentes pueblos y ciudades cada cuatro años, los políticos de turno le sacan tajada para desfigurar la realidad de su propio país y pasar, sin protesta, leyes draconianas que afectan a todo miembro de la sociedad acudiendo al pretexto de que hay que combatir al terrorismo frontalmente.  Esperemos que nadie se coma el cuento.

Esta vez, no hablaremos de nuestros países de América Latina sino que escribiremos sobre el caso británico que está a mano y que nos afecta directamente a todos aquellos inmigrantes que vivimos por estos lados. De una vez,  les comunico a los lectores de estas páginas que estoy totalmente en contra de que Londres o el Reino Unido organicen y se lleven a cabo las Olimpiadas en el 2012. No soy un aguafiestas estropeando la diversión de unos cuantos o quizás de millones, en realidad yo soy un verdadero aficionado de todo tipo de deportes pero no estoy convencido por los cuentos que los partidos políticos  nos están echando. Está bien claro que los países en vía de desarrollo en ningún momento pueden competir en igualdad de condiciones con los países ricos.  El ejemplo más claro es el de los deportes náuticos donde se requiere un capital inmenso para poder tomar parte, ¿cuánto costará uno de esos barquitos de vela con la tecnología más avanzada?  No creo que un muchacho pobre del barrio San Cristóbal en Bogotá, se pueda costear ese lujito.  Es un deporte de ricos para ricos y lo mismo ocurre con los deportes ecuestres y hasta con el ciclismo de pista que requiere millonadas para salir adelante.

Mientras que unos cuantos atletas recibían ovaciones y aplausos en la China, aquí en Londres, a la vuelta de la esquina, otros tantos ministros de su Majestad  estaban deleitándose con la nueva ley de retorno de inmigrantes ilegales aprobada por el Parlamento Europeo. Esta ley intenta frenar la entrada de todo tipo de trabajador que no tenga el derecho de ingreso a la comunidad o de aquellas personas que carecen de un  contrato de trabajo y repatriar a los indeseables.  Aún más, al mismo tiempo, el gobierno británico propone, sin mayor discusión, el control de absolutamente todos los correos electrónicos y mensajes por celular enviados y recibidos por todos aquellos individuos que utilizan tales medios de comunicación.  La violación de los derechos humanos de los residentes de este país es algo increíble.  Ni siquiera las dictaduras más atroces de nuestro continente han llegado a tales extremos. Aquí se vive en el mundo creado por George Orwell en su famoso libro 1984!  Es algo monstruoso y bárbaro  que tiene que ser opuesto por todos los medios, sean estos escritos u orales. Ya no se podrá hablar o escribir de nada porque el “Estado de Derecho” peligra por lo cual un simple saludo a un familiar en Mariquita se convierte en una bomba de tiempo en Elephant and Castle.

Nuestra libertad personal desaparece a gotas cada día que pasa y pronto será un torrente arrollador que nos hundirá en el barro de una dictadura inmisericorde.  Ya no se puede circular por las calles sin que miles de cámaras te sigan los pasos, ya no se puede hablar por teléfono por que las conversaciones se graban, ya ni se puede hablar de una solución política de izquierda porque te detienen por ser terrorista.  Lo único que nos queda por hacer es callar, no criticar, aguantar cualquier violación y salir a las calles y alabar a esta dictadura unipartidista cuyo solo objetivo es lavarnos el cerebro y encerrarnos en un mundo de hadas imaginarias.

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