Colombia “es un circo” con payasos por todas partes

Londres -. No se sabe a ciencia cierta que rumbo tomará Colombia en los días y semanas que vienen, oscuros nubarrones amenazan a un país que se debate entre la civilización y la barbarie. Todo va de mal en peor. El pueblo colombiano se halla entre la espada y la pared sin poder decidirse si seguir el camino del 4 de febrero pasado o seguir por la ruta del 6 de marzo que se aproxima rápidamente. La patria está más quebrantada y dividida que nunca. Miles dieron su apoyo a las manifestaciones de febrero mientras que otros miles en todo el planeta harán lo mismo en marzo, y otros miles han decidido tomar parte en los dos desfiles, ya que condenan abierta e inequívocamente cualquier tipo de violencia, cualquier clase de secuestro, cualquier violación de los derechos humanos y cualquier sistema político y gubernamental que permite esta lucha fraticida, insana, inútil y perniciosa.La gran mayoría de comentaristas, periodistas, intelectuales que han expresada alguna opinión al respecto, sean éstos de derecha o izquierda, fascistas o marxistas se han dedicado a insultarse unos a otros y a hacer un análisis muy superficial de la problemática colombiana. La discusión se ha centrado en acusar a unos de ser los buenos y a otros de ser los malos del paseo y viceversa. Mientras tanto en el exterior medio mundo se muere de risa de ese circo gratuito que es Colombia con payasos por toda parte.

Es esencial que todos nos sentemos a analizar fría y racionalmente las razones por las cuales el país se encuentra en esta encrucijada que parece no tener salida alguna. Tenemos que indagar, penetrar en las raíces, en los orígenes del problema, no basta decir que tal grupo es una banda de hampones mientras que tal otro es un coro de ángeles y arcángeles.

Para mí, el meollo del asunto se halla primeramente en los niveles, inaceptables por cierto, de pobreza. Las estadísticas, juego de números, tienen sus reglas según el usuario de turno. Helda Martínez nos informa que según las estadísticas oficiales, “la pobreza alcanza hoy a 49,2 por ciento de la población colombiana, y comprende a las personas que llegan a ingresos mensuales de hasta 94 dólares por mes” A todos estos cómputos hay que añadirle todas las personas que reciben el salario mínimo, lo cual ni alcanza para el mercado de la semana si se tiene una familia numerosa, enferma o discapacitada. Así pues, la pobreza real rondará alrededor del 60 por ciento de la población colombiana. Y mientras los ricos se enriquecen los pobres se empobrecen aún más.

Mientras tanto el gobierno nacional mira como sinónimos los nombres de pobres y enemigos sin buscar solución alguna ya que la pobreza es una necesidad intrínseca del capitalismo. Y el que puede intenta escapar ese degolladero que es Colombia, mientras que otros se enlistan en las filas de las FARC o ELN o se meten con los Paras. La pobreza absoluta embrutece y la única salida es el cañón de un fusil que a larga nos trae al día de hoy con muertos y más muertos.

El narcotráfico es al mismo tiempo fruto de esa pobreza endémica que afecta a campos y veredas en los municipios más insalubres y alejados de los centros urbanos y alimentado vorazmente por los pendejos consumidores de los países del primer mundo. A la larga los narcóticos se han vuelto la columna vertebral de la economía colombiana y esta lucha interna por controlar los flujos hacia el exterior ha ayudado echarle más leña a la candela.Si la pobreza es la causa principal de este conflicto interno el sistema político no aporta solución alguna.

Sus intereses son personalistas, mezquinos, dictatoriales, antidemocráticos, poco participativos y controlado por unos pocos, para el beneficio de una casta selecta y muy reducida capacitada en las metrópolis de Estados Unidos y Europa, totalmente ajena a las necesidades, aspiraciones y realidades nacionales. El sistema político vive bajo la tutela de la corrupción a todo nivel y el que no juega sucio se le considera un bobo. Es un milagro que el país trate de progresar a pesar de todos estos obstáculos, pero el colombiano es cabeciduro, testarudo y echao pa delante y quizás esto salve a Colombia algún día.

Y he aquí el último punto: la intervención extranjera en los asuntos internos de Colombia no ayudan en ninguna manera. La participación de los Estados Unidos en todos los ámbitos nacionales es inaceptable como es inaceptable que los colombianos se metan en los problemas internos de Afganistán enviando algunos soldados a morir en ese desierto. La presencia de todas las agencias americanas en Colombia es un cáncer que carcome las entrañas mismas de la patria. Y lo que menos les interesa es combatir la pobreza embriagadora que sufre el 60% de la población. De pronto si Barak Obama gana las elecciones en los Estados Unidos la política americana cambie con respecto a Colombia y deje a Uribe y sus secuaces a orillas del camino, pero si gana el senador.

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